
“Infiltrados” (“The Departed”) es la vuelta del ítaloamericano Martin Scorsese al cine de nervio, de mafia, al cine de montaje trepidante y ritmo mayor, a ese cine de narración eléctrica, en la tradición de dos de sus grandes películas; “Uno de los nuestros” y “Casino”. Es sin duda ese cine en el que mejor se mueve Scorsese y al que agradecemos que haya retomado en esta nueva ocasión.
Pero los años transcurridos entre “Casino” e “Infiltrados” también han cambiado al Scorsese que todos conocíamos. Y entre todas las semejanzas posibles, hay numerosas diferencias entre las citadas cintas gangsteriles y la que ahora nos ocupa.Desde su reparto, hasta una menor carnalidad y crudeza (a pesar de que “Infiltrados” tiene sus buenas dosis de violencia y sangre). La diferencia existente entre la pareja Pesci-De Niro (y sus respectivos personajes en el cine de Marty) y la de Di Caprio-Damon podría ser equiparable a la diferencia que existe entre el Scorsese de “Godfellas” y el de “The Departed”, lo cual evidencia la marcada evolución que está siguiendo este director en los últimos años y en la que gracias a “Infiltrados” parece haber encontrado el equilibrio.
“Infiltrados” es un magnético thriller. Posiblemente uno de los thrillers mejor dirigidos de los últimos tiempos, con una intensidad tan grande que hace que el espectador no se desconecte de la narración ni parpadee en las dos horas y media de metraje. Es la segunda vez que Scorsese se pone al frente de un remake (la primera, el remake de “El Cabo del Terror” le dio un gran resultado).
“The Departed” es una nueva versión de la cinta hong-konesa “Infernal Affairs”, que contaba la historia de dos topos infiltrados en una banda mafiosa y en el cuerpo de policías. Esa es la historia que aprovecha Scorsese para componer su personal visión del cine policiaco, para la que ha contado con Leonardo Di Caprio y Matt Damon para jugar en el bando contrario y a gente de la talla de Jack Nicholson, Martin Sheen, Alec Baldwin o Mark Whalberg para secundarlos.
Apenas unos minutos bastan para saber que con “Infiltrados”, Scorsese ha estado en su salsa. Su comienzo, con el personaje de Matt Damon todavía niño, recuerda al de “Uno de los nuestros” y su velocidad es tal, que debemos estar bien despiertos para seguir el ritmo tan marcado que propone el ítaloamericano. Aquí es donde empieza a lucirse Marty y en donde su montadora habitual, Thelma Schoonmaker le sigue al pie de la letra (eso si, más tarde y para mi sorpresa, cometerá errores de montaje infantiles en las secuencias con mayor sencillez de edición). Brillante presentación de personajes por tanto y un comienzo que promete lo mejor.No decaerá el ritmo de “Infiltrados” y pronto estaremos inmersos en la tensión de ser testigos de dos “topos” o “ratas” metidos en el bando contrario. La trama se torna en compleja y llena de giros. Scorsese domina con mano maestra y gran talento ese cruce de traiciones, esa cuerda floja por la que andan William Costigan (Leonardo Di Caprio) y Colin Sullivan (Matt Damon), y las continuas idas y venidas de ambos bandos. Aquí es donde reside la grandeza de “Infiltrados”, donde se gesta el gran y embaucador thriller policiaco que es, un thriller que habla de la perdida de identidad, la traición y los sentimientos humanos que ella conlleva. De dos marionetas que creen controlar sus vidas, cuando estas en realidad dependen de de las ordenes de superiores. De dos seres humanos expuestos a continuos peligros.
Con un fenomenal Di Caprio, al que se le acaba cogiendo cariño, gracias a su mejor interpretación desde aquel retrasado de “¿A quien ama Gilbert Grape?”. Con un más que correcto Matt Damon en un personaje prepotente y fácilmente odiable por el espectador y con un Jack Nicholson en un papel hecho a su medida y en el que se luce sin suponerle demasiado esfuerzo.Whalberg y Baldwin ponen la nota cómica, Sheen la cara más bondadosa y Ray Winstone es algo así como una suerte de Joe Pesci. Mención aparte merece Vera Farmiga sencillamente cautivadora en su papel, y que supone un descubrimiento femenino en una cinta eminentemente masculina, muy en la línea de lo que supuso la asesina Marie-Josée Croze en “Munich” de Spielberg.
En su hora final, “The Departed” dejará para la posteridad un par de momentos magistrales (la secuencia de la azotea entre Sheen, Di Caprio y Damon por via telefonica o el intercambio de información cruzada por sms para delatar al contrario), pero también una que otra leve precipitación de hechos, que evitan que la película pueda cerrar el circulo que la haga redonda (como el desenlace de los personajes protagonistas).
De lo que no hay duda es de que el entretenimiento está garantizado, de que la dirección es portentosa, en la línea del Scorsese más enérgico y vital, que las notas de guitarra de Howard Shore son tan buenas que aun con escaso protagonismo llaman la atención, que las interpretaciones son estupendas y que siempre es un lujo ver a gente como Nicholson actuando en la gran pantalla y ver confirmarse a Di Caprio como actor. Hay muchas razones que hacen de “Infiltrados” un film que será recordado. Posiblemente no sea la obra maestra que mucha gente ha dicho ser, pero si una gran película y una estupenda lección de estilo por parte de Martin Scorsese, que se ha vuelto a encontrar, para goce de todo amante del buen cine. Y esa es una noticia para estar de enhorabuena.










Una cinta que ya es de culto, que da lugar a la reflexión, y que acepta cualquier tipo de alabanza o adjetivo a su favor. Yo le otorgaría los adjetivos de increíble, necesaria, magistral, única y humana. “Hijos de los hombres” tiene la virtud de emocionar, de despertar sentimientos escondidos en el espectador, mantenerlo pegado a la butaca mucho tiempo después de llegar a su fin y estremecerlo igual que estremece y conmueve el llanto o la risa de un niño. Impresionante.
El escritor norteamericano James Ellroy ideó el llamado “Cuarteto de Los Ángeles”, conformado por “L.A. Confidencial”, “El Gran Desierto”, “Jazz Blanco” y la obra que inauguraba ese cuarteto y que ahora nos ocupa, “La Dalia Negra”. Todas ellas retratos precisos de los sórdidos bajos fondos de Los Ángeles.


Así, esta nueva película del director de "Carrie", "El Fantasma del Paraiso" o "Misión Imposible" es una decepcionante cinta noir, capaz de impacientar al espectador en su butaca con una espesa narración, carente de orden e impropia de un tipo como De Palma, que aun en sus peores cintas, siempre ha mostrado un cierto dominio narrativo. Una buena oportunidad perdida, que no merecia la novela de Ellroy.








“El Laberinto del Fauno” es un bello cuento para tener pesadillas, aunque parezca contradictorio. Un reto visual al alcance de unos pocos, entre los que se encuentra Guillermo del Toro. Una crítica a los sistemas dictatoriales a través de la vida y la imaginación. Una evolución en la carrera del que es uno de los directores más talentosos en el manejo de lo visual. Y sobre todo una estupenda película, capaz de emocionar, atraer y disfrutar. De las que se quedan en la retina por un largo tiempo.




















