INDIANA, 19 AÑOS MÁS TARDE
Quiero engañarme a mi mismo pensando que me ha gustado, pero no lo consigo.Y es que tras casi 20 años de espera, los que van desde el estreno de “Indiana Jones y la Última Cruzada”, había ganas, entusiasmo, puede que incluso ansiedad, por ver las nuevas aventuras de Indy.
También ciertas dudas, pues podíamos temer una nueva secuela meramente “recaudatoria” que no estuviese a la altura de las circunstancias. Dudas mitigadas por sus propios creadores, la dupla Spielberg-Lucas, que una y otra vez, llenos de aplomo y seguridad, rechazaban borradores y guiones y descartaban a escritores de renombre (Frank Darabont o M.Night Shyamalan), en su búsqueda del proyecto perfecto que no desentonase con su trilogía madre.Visto lo visto, y confiando en el buen hacer Lucas y Spielberg, “Indiana Jones y el Reino de la Calavera de Cristal” prometía ser un producto sólido, serio, meditado y por tanto, ilusionante.
Una vez llegado su estreno, posiblemente el más esperado en lo que llevamos de siglo, la conclusión es que esta cuarta parte es francamente entretenida, cargada de guiños y homenajes a la saga que bien valen la película entera, pero al mismo tiempo ligeramente decepcionante y no demasiado alejada de esas cintas de aventuras imitadoras (incontables) que surgieron a raíz del estreno de “Indiana Jones en busca del Arca Perdida” en el año 1981.
“Indiana Jones y el Reino de la Calavera de Cristal” se abre en los años 50, con una carrera automovilística al más puro estilo “American Graffiti”, la segunda película como director de George Lucas.Su comienzo no podía ser más embaucador. Es enérgico, entra de lleno en la acción y nos ofrece a un Jones en estado puro. Se suceden las referencias a la saga (al personaje de Marcus Brody, al propio padre de Indiana, al arca de la alianza, etc) o a otras ajenas ("Salvaje", con la aparición de Labouef a lo Brando) y se vislumbran las virtudes que puede ofrecer la nueva secuela, aunque también algunos de sus defectos, personificados en sus secundarios, demasiado estereotipados y faltos de carisma; Ray Winstone, el “amigo” de Jones, es una mala copia del Sallah de la trilogía original y Cate Blanchett jamás llega a imponerse en su faceta de villana rusa, más por culpa de la poca cancha que le ofrece, tanto a ella como a Karen Allen, el guión escrito por David Koepp ("Parque Jurásico"), que por su propia interpretación.
El guión tiene mucha culpa del tibio resultado final. Se le puede acusar de tener altibajos, de desaprovechar personajes (el de John Hurt es inservible y la recuperación del antiguo amor de Indy, Marion Ravenwood, está malgastada), o de precipitar los hechos en su parte final, con cierta tendencía al efectismo facil y a la resolución rápida de la aventura (¿qué fueron de aquellas emocionantes pruebas y trampas a las que se enfrentaba el intrépido arqueologo?).De ahí que no nos extrañe tanto ver en "Indiana Jones y el Reino de la Calavera de Cristal"; ardillas graciosas, monos saltando en lianas o frigorificos que aguantan bombas atómicas , aunque si nos provoque cierto rechazo y un poco de pena.
Independientemente de estos lunares, que enervarán a fans de la trilogía y a cinéfilos varios, "Indiana Jones y el Reino de la Calavera de Cristal" no deja de ser un agradable y nostalgico entretenimiento, que demuestra que Spielberg es el mejor planificando y rodando secuencias de acción y aventuras, que Harrison Ford aún podía ponerse dignamente en la piel del personaje, que John Williams es y seguirá siendo el músico de cine por excelencía y que Shia Laboeuf tiene un futuro muy favorable.
Yo me quedo con la sensación de haber revivido en pantalla grande esta experiencia arqueóloga y aventurera (aún siendo insatisfactoria). Me quedo con la vibrante persecución en moto, con la ambientación de la película y los genuinos toques de humor "made in Jones" que todavía conserva. Me quedo con el sombrero y el látigo, con las civilizaciones perdidas y el "Raiders March" de Williams.Me quedo con todo eso...y con la trilogía original.
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Película, por tanto, que encantará a cinéfilos y seguidores del cine de género (contiene homenajes a John Carpenter o Drew Struzan), y que es una grata sorpresa, que tristemente tiene muchas papeletas para pasar desapercibida, por sus continuos retrasos y su escasa promoción.

Me alegra no encontrar en “Iron Man” esa trascendencia que habita en todas o casi todas las cintas de superhéroes de los últimos años. El afán por rebuscar en la sombra del superhéroe, por analizar sus inseguridades y tormentos se había instalado, con mayor o menor grado de profundidad, tanto en Spiderman como en Superman, en Lobezno como en Batman, o con especial intensidad en el “Hulk” de Ang Lee, más honesta que sus anteriores por no querer mezclar, y permítaseme la expresión, “churras con merinas” de un modo tan descarado.

En definitiva, "Iron Man", con su buen casting y su gran ritmo, es bromista y desenfadada como su Tony Stark y como su hombre de Hierro, al tiempo que es una de las más agradables cintas de supeheroes que un servidor ha presenciado en los últimos tiempos en los que si algo no escasea es precisamente las adaptaciones cinematográficas de Marvel o DC.
