
Cada cierto tiempo aparece una película que desmonta nuestra idea de progreso visual. Creemos que en el campo de los efectos especiales, los CGI (Computer-Generated Imagery) y demás avances tecnológicos cinematográficos estamos a la última, hasta que llega una nueva producción para demostrarnos lo contrario. Ocurrió con los dinosaurios de Spielberg, con la inserción de Forrest Gump en la historia americana, con el hundimiento más famoso de la historia en “
Titanic” o con esa criatura a mitad de camino entre lo entrañable y lo desagradable que era Gollum.

Ahora es el mismísimo Brad Pitt el que envejece y rejuvenece como por arte de magia, gracias a la trama invertida que plantea el relato corto de “
El Curioso caso de Benjamín Button” de F.Scott Fitzgerald, adaptado por el siempre interesante David Fincher. Pero si lo visual saca partido de la jugosa premisa argumental, la narración del director de “
Zodiac”, llena de virtudes y momentos deslumbrantes, parece no hilar tan fino a la hora de sacar el máximo provecho de la evolución infográfica.
“
El Curioso caso de Benjamín Button” narra una historia de constantes mágicas en la cual un niño nace viejo y se hace joven a medida que cumple años. Un personaje así encontraría dificultades en su vida, pero no ocurre con Benjamín Button, el cual se mueve en un ambiente de calma y tranquilidad donde es aceptado por todos y donde no hay enemigo alguno más que el propio tiempo.

Sin ningún otro contratiempo que el de la edad, “
El Curioso caso de Benjamín Button” es una película marcada por un personaje contemplativo y de poca acción (lo que afecta a la digestión de su, ya de por si, excesivo metraje), cuyo gran interés reside en la evolución física de su personaje, maravillosamente lograda por los efectos visuales y el maquillaje. Button ve pasar ante sus ojos los hechos que marcaron el siglo XX americano (muy en segundo plano en la película) sin tomar apenas partido en ellos. Tan solo espera el momento justo para encontrarse con su amada Daisy (encarnada por una Cate Blanchett de porcelana) en lo que supone la historia de amor “imposible”, que tiene poco de inalcanzable y si mucho de efímera.
Visto lo visto, si la iniciativa del personaje protagonista es escasa y su única búsqueda (el amor de Daisy) es, a todas luces, evidente y para nada, dificultosa, es fácil reconocer que “
El Curioso caso de Benjamín Button” está huérfana de emociones. Al menos, de unas emociones tan intensas como se le presumía a un argumento con tantas posibilidades.

No hay nada reprochable al trabajo de David Fincher, que es magnífico y que incluso se permite el lujo de recrearse en momentos puntuales (la inicial historia del reloj, el homenaje en Paris al Jeunet de “
Amelie” y “
Largo Domingo de Noviazgo”) y si a la labor de Eric Roth, su guionista, que calca demasiadas ideas de uno de sus guiones más triunfales, “
Forrest Gump” y elige un punto de partida de la narración que resta interés al relato (la película tiene carácter de cuenta al mostrarse como una lectura de un diario, al más puro estilo, “
La Princesa Prometida” o “
Big Fish”).

Con todos estos pequeños defectos, “
El Curioso caso de Benjamín Button” no deja de ser una película mayúscula tal y como exigía su planteamiento de cuento alterado cronológicamente. Desigual, es cierto, pero también tremendamente triste, exigentemente elaborada y de estética perfecta y apasionante. Una obra en la que se nota un loable esfuerzo por parte de sus creadores (e interpretes) por construir una película única sobre una vida insólita; la de un tal Benjamín Button, que ya entra a formar parte de la historia del cine reciente.