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25 de diciembre de 2010
SINDIÓS PAYASIL


Pocas veces se encontró el cine español con una película tan arrolladora y descompensada como “Balada triste de trompeta”, cargada de excelentes ideas magníficamente ejecutadas pero caótica y deshilvanada como pocas.

Con un comienzo brillante que incluye unos títulos de crédito escalofriantes que condensan en tan solo un par de minutos la historia de la España del siglo XX y que cobran todavía más fuerza con el tema musical de Roque Baños que lo acompaña, “Balada triste de trompeta” se inicia como mandan los cánones: guardando una estructura lógica, contando con un hilo argumental coherente y lineal; el de dos payasos, uno triste, el otro feliz, que esconden dos personalidades homicidas y trastornadas. La presencia de Natalia (una insuficiente Carolina Bang), la trapecista del Circo en que trabajan, provocará un enfrentamiento delirante y extremo entre los dos payasos (¿Alguien dijo “Muertos de Risa”?).


Mientras dura la historia de amor, muy “sui generis”, por supuesto, De la Iglesia se las arregla para introducirnos, sin que pestañeemos, en su universo, acoplando acontecimientos relevantes de la historia de España como telón de fondo (¿alguien dijo “Malditos Bastardos”?), haciéndonos cómplices de sus golpes de humor negro, de su gusto por la violencia y el exceso visual. La película funciona y atrae.

Sin embargo, “Balada triste de trompeta” es una cinta que te da y te quita. Desde la primera desfiguración payasil, la propia película se desfigura, alternando secuencias que vistas de manera independiente son poderosas pero que en conjunto adolecen de homogeneidad. Da la sensación de que el director vasco solo tiene buenos conceptos a filmar y pocos recursos para ordenarlos en un guión irregular que busca a través de la casualidad la integración de una secuencia con otra. La película, sin abandonar su fuerza plástica, se vuelve caótica en su segunda mitad hasta el punto de desubicar al espectador, que asistirá atónito al carrusel de violencia extrema, payasos deformes, guardias civiles, caudillos que cazan, atentados a presidentes del gobierno y canciones de Raphael que mostrados sin orden ni concierto alguno provocan la confusión y la anarquía en la sala para finalizar en un climax en la cruz de los caídos (¿Alguien dijo Hitchcock?) que roza el colmo de lo grotesco y lo inconexo.

Se podría afirmar que el payaso de la función no es tanto Carlos Areces ni Antonio de la Torre (tremendos ambos en sus entregadas interpretaciones) sino el propio Alex de la Iglesia capaz de ofrecer las dos caras de un clown; pintado y engalanado en su faceta de artista -el mejor en su especie-, y embrollado, excedido, perturbado en su desnudez, para, de nuevo, ofrecer un film tan vertiginoso, llamativo e inusual como desigual, lo que aumenta su nómina, cada vez más gruesa, de títulos fallidos. Títulos que no obstante contienen momentos únicos dentro de la cinematografía española, algo que es tan meritorio como insatisfactorio.

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21 de diciembre de 2010
LOS DERECHOS DEL NUEVO MUNDO



Ambicioso y muy interesante es “También la lluvia”, el sexto trabajo de Iciar Bollaín (“Te doy mis ojos”, “Flores de otro mundo”) tras las cámaras, la cual junto a Paul Laverty, guionista habitual de Ken Loach y pareja sentimental de la directora, ha viajado a Bolivia para ofrecer una completísima película que fluye perfectamente entre los diferentes niveles que propone.
También la lluvia” supone algo de novedad en el enclaustrado cine social español, un subgénero en sí mismo en el que Bollaín se ha movido durante toda su carrera. Es cierto que volvemos a la denuncia, a la descripción y habitual crítica de la carencia de libertades de países de menor desarrollo, pero esta vez Bollaín utiliza el metalenguaje fílmico para alcanzar ese fin, acercándose al objetivo a través de una de esas historias de "cine dentro del cine”: las vicisitudes de un equipo de rodaje en la Bolivia pre-Evo Morales para poder finalizar su película una vez que estalla la llamada “guerra del agua” que enfrenta al pueblo y al Gobierno del país indígena.

El verdadero logro de Bollaín y Laverty radica en el perfecto acoplamiento de las piezas que participan en los tres frentes que ambos manejan; el complicado rodaje en Bolivia y el levantamiento popular, así como el retrato de la América recién descubierta por Cristóbal Colón, argumento principal de la película que dentro de “También la lluvia” se lleva a cabo y que contrastada con la citada “guerra del agua” sirve para poner en evidencia las escasas diferencias de libertades y derechos en una misma población con un margen de 500 años. Del mismo modo, “También la lluvia” funciona en un tercer ámbito, como relato de los problemas de rodaje de una producción de no demasiado presupuesto en localizaciones que presentan conflictos.

Personajes como el de Daniel, el rebelde boliviano de marcado físico y Antón (un maduro Karra Elejalde que pide a gritos el Goya por este papel), el indómito actor que encarna a Cristóbal Colón en la ficticia película, son tesoros guardados por el guión de “También la lluvia”. Sus personajes reflejan el pasado, el presente y el futuro de Bolivia planteando continuos dilemas morales a sus compañeros de batallas y por ende al espectador, ubicado de una manera rápida, atractiva y bastante cinematográfica (estamos ante una película notable en lo visual y excelentemente rodada por Bollaín) en el contexto y el problema de la población boliviana. Bollaín utiliza con gran provecho las armas narrativas del cine para concienciar y hacer pensar al público y además hace de “También la lluvia” un entretenidísimo film con mayor nervio que los de su especie.

Su buen reparto- Luis Tosar, Gael García Bernal, Raúl Arévalo- se encarga de todo lo demás hasta completar el competente resultado final de una película que será la encargada de representarnos en la próxima edición de los Oscar y que aporta frescura en su forma -que no en su fondo- a la recurrencia del cine social español.
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16 de diciembre de 2010
QUE VEN MIS OJOS!!


Que conste que “El habitante incierto” nos pareció un prometedor debut para Guillem Morales pero “Los ojos de Julia”…ay, “Los ojos de Julia”!!!

Os dejamos siete apuntes sobre una película más disparatada que terrorífica:



1. El descaro: Descaro en copiar la fórmula de “El Orfanato”, con el mismo envoltorio, actriz y situaciones. El cine español ha encontrado el filón en el terror “psicológico” y no parece querer soltarlo.

2. El homenaje: Llámalo homenaje, llámalo como tú quieras; “El fotógrafo del pánico”, “Sola en la oscuridad” y el propio “El habitante incierto” están demasiado presentes en “Los ojos de Julia”. Y aquí no acaba la lista; “La ventana indiscreta”, “Psicosis”, etc, etc…¿Falta de personalidad?

3. El despropósito: Si la protagonista es ciega y está amenazada, no hay necesidad de dejarla sola en cada oportunidad que se tenga. Claro, que así se crean situaciones de suspense que de otra manera el guión no podría ni sabría encontrar.

4. El nombre: Guillermo del Toro. El mexicano se ha convertido en una marca. "El laberinto del fauno" le ha permitido que con sólo unir su nombre a la producción de un film de género este provoque interés entre el público.

5. La anciana: En “El Orfanato” era Montserrat Carulla, aquí es Julia Gutierrez Caba. La anciana solitaria y con secretos (aquí también tiene gatos) debe aparecer por decreto, aunque solo sirva para hacerse la ciega, veté tu, de nuevo, a saber porqué.

6. El cansino: Lluis Homar. De 10 películas españolas, él está en 9. La próxima, “No tengas miedo” de Montxo Armendáriz, junto a….tachan!!!! Belén Rueda.

7. El descubrimiento: Pablo Derqui es lo único destacable de una película. Semejante al descubrimiento de Javier Godino de “El Secreto de sus ojos” del pasado año. El cine español está lleno de intensos villanos que no conociamos.

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13 de diciembre de 2010
BREAKING BAD: PURA ADICCIÓN


Desconocida entre el gran público, sin repercusión en su emisión en España, ni siquiera editada en dvd en nuestro país y sin embargo una de las mejores series que se pueden encontrar en la televisión actual con poco o nada que envidiar a cualquiera de las llamadas grandes series de la pequeña pantalla (véase “Los Soprano”, “The Wire”, “Lost”, etc).


Breaking Bad” es la serie impecable, brillante, adictiva del momento. Una droga tan dura como la metanfetamina que como tabla de salvación elabora Walter White un profesor de química desencantado, con dificultades económicas, con cáncer terminal, un hijo con parálisis y una mujer en avanzado estado de embarazo. Viendo el drama de su protagonista no parece ésta la serie más positiva y motivadora a la que enfrentarse aunque precisamente de esas comprometidas circunstancias, de las decisiones a tomar en tales situaciones extremas, de los dilemas morales a los que se enfrentan sus personajes, Vince Gilligan (“Expediente X”) y su equipo de guionistas crean, la más rocosa, áspera y a la par fascinante de las historias de la tv reciente, donde la intachable calidad de unos guiones llenos de sensatez y sin apenas concesiones gratuitas (controlador aéreo aparte) junto a las soberbias interpretaciones de su reparto – Bryan Cranston acumula Emmys y Aaron Paul empieza a hacerlo- y un puñado de episodios con enigmáticos prólogos e impecable realización (véase “The Fly”, dirigido por Ryan Johnson, el de “Brick” o “Los Hermanos Bloom”) ayudan a redondear el resultado final de un producto casi perfecto.


Pero no es drama todo lo que reluce, “Breaking Bad” utiliza el sufrimiento como desencadenante de los hechos pero prefiere la tensión contenida y la delgada línea entre lo punible, lo ético, lo inevitable en las coyunturas provocadas por Walter White y Jesse Pinkman, su problemático pupilo, en esa nueva y desconocida tarea de producción y distribución del llamado “cristal”. Esta intromisión en el mundo del narcotráfico genera momentos únicos (la estancia con el peligroso Tuco, los gemelos chicanos, etc…) e iconos instantáneos (una autocaravana, “Los Pollos Hermanos”, el cristal de color azul) más si tenemos en cuenta que Hank, el cuñado de Walter, es agente antidroga y el principal encargado de desenmascarar a un tal Heisenberg (otro icono).


Compuesta hasta el momento por tres intensas temporadas donde el desarrollo de los personajes sigue un curso más que lógico, “Breaking Bad” habla en primer lugar de la mentira y las válvulas de escape, para continuar con una espiral obsesiva donde todo parece estar permitido y derivando en un modelo organizado de producción que encamina la serie hacía un relato casi mafioso que lo entronca con otra grande como pudiera ser “Los Soprano”.Y todo con un envoltorio ocre, en ocasiones insano, lleno de ambigüedades donde todos sus personajes deambulan entre lo apropiado y lo indecente y donde incluso hay tiempo para la comedia más negra. Lo dicho; una joya imprescindible que convendría reivindicar y que demuestra una vez más que el verdadero talento, la libertad creativa y la inspiración ha abandonado el cine para pasarse a la más pequeña de las pantallas.

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9 de diciembre de 2010
EL DRAMA POR EL DRAMA


Hay pesimistas cuya negatividad está fundamentada y otros que lo son por sistema. Alejandro González Iñarritu ha hablado en la totalidad de su filmografía desde que debutase con aquella excelente película llamada “Amores Perros” del dolor, la pena y la amargura, siempre justificados a través de casualidad y el destino. Sin embargo, con su último trabajo, “Biutiful”, Iñarritu se ha transformado en un pesimista caprichoso acercándose a sus temas favoritos y recurrentes sin argumentos suficientes para dotarlos de credibilidad.


Rodada en el lado más gris de Barcelona, con gran parte de su reparto español (Eduard Fernández, Ruben Ochandiano) y la inmigración y la subsistencia como “supuestos” leiv motivs de su narración, “Biutiful” más que una película dramática es un drama de película cuya principal intención es el seguimiento a un personaje- el de Uxbal, encarnado por un esforzado Javier Bardem- anclado en una vida miserable donde el sufrimiento es la constante y donde no existe ni un atisbo de esperanza para todo lo que le rodea.


Iñarritu no da concesiones de ningún tipo. Sólo aboga por la fealdad y la suciedad, fijando su cámara en la figura de Uxbal, al que acompaña sin quitar ojo durante todo el metraje, acercándose continuamente hasta el primer plano de su rostro del mismo modo que acerca su objetivo a los planos callejeros de una austera Ciudad Condal, probablemente la manera más vistosa con la que el director mexicano puede hacer demostrar al espectador su implicación y conocimiento del universo urbano y desamparado que retrata, aunque lo cierto es que Iñarritu, por muy cerca que fije su cámara está bien lejos de la realidad social siendo incapaz de dotar de verosimilitud a la historia, incapaz de llegar a ningún puerto con la trama y subtramas propuestas, cuya resolución (esas estufas, esa persecución policíaca en plenas Ramblas, más propia de un thriller) está a años luz de ser admisible.

Aquel “alma” del que Iñarritu hablaba en “21 gramos”, otro de sus dramas más angustiosos, brilla aquí por su ausencia, demostrando que la presencia de Guillermo Arriaga en el guión era parte importante en el consistente resultado final de sus tres primeros trabajos con los que el mexicano se metió al público en el bolsillo.



Suavizar su cine y dar un poco de esperanza a sus historias no le vendría nada mal al director de “Babel” si no quiere hastiar al espectador con su negativa y cada vez más vacua perspectiva de la existencia humana. Porque la vida tiene asperezas, sí, pero también hay luz más allá de tanta pena.
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19 de noviembre de 2010
REMAKES QUE NO SIRVEN DE MUCHO


Por mucho que damos oportunidad a los remakes, no averiguamos la manera de encontrarles sentido. Al menos para un espectador europeo la versión Hollywoodiense de la joya fantástica sueca, “Déjame entrar”, carece de razones para haberse convertido en una realidad.

No es que la nueva “Déjame entrar” engrose la lista de los peores remakes realizados, pero si es uno de los mas inútiles de los últimos estrenados debido a su escaso margen de tiempo con el film que revisa, lo que permite que cualquier acierto o virtud de la nueva versión (que los tiene) o simplemente el meritorio esfuerzo narrativo realizado por su director, Matt Revees (“Cloverfield”) no sea justamente tomado en cuenta por el espectador por ese recuerdo todavía muy reciente de la cinta original.

La visión americana de esta a cinta vampírica es respetuosa y mucho más que digna, manteniendo intacto el tono pausado, la gélida puesta en escena y las contraídas interpretaciones del original pero introduciendo algún cambio en la subtrama de investigación (bien) y añadiendo mayor truculencia y subrayados en puntuales ciertos pasajes de la cinta (no tan bien). Revees demuestra gran oficio a la hora de rodar como si de un director nórdico se tratase y ofrece un par de momentos en el que saca a relucir su procedencia fílmica -la composición del accidente de coche es todo un acierto- pero él o su guion no consiguen ser valientes cuando la situación lo requería (mostrar el sexo de la “joven” vampira protagonista) y evidencian mayor falta de arrojo cuando deciden evitar que el espectador reflexione sobre el origen del acompañante de la chica protagonista (uno de los grandes secretos del relato sueco), encarnado con sobriedad, por cierto, por Richard Jenkins.

Probablemente sea su casting una de las mejores noticias que pueda dejar este remake, con dos jóvenes promesas de Hollywood (Chloe Moretz y Kodi Smith Mcphee) solventando a la perfección dos papeles tortuosos y comedidos y con Jenkins y Elias Koteas manteniendo el nivel en el plano secundario.

“Déjame entrar” versión Hollywood es mejor película que lo que el aun fresco recuerdo de su predecesora le deja ser y al mismo tiempo es víctima de la incapacidad del cine americano en educar a su espectador en aquel cine que no sea el gestado dentro de sus propias fronteras. Mientras Hollywood siga tirando de escasez de ideas, falta de perspectiva y exceso de soberbia no dejaremos de asistir a remakes que jamás mejoraran lo ya contado.
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7 de noviembre de 2010
BOSTON; CIUDAD DELICTIVA


Son dos ángulos contrapuestos los que definir a la perfección a “The Town”, la segunda película como director de Ben Affleck, el cual sorprendió a propios y extraños hace un par de temporadas con aquel sólido y sincero drama llamado “Adiós pequeña adiós”. Por un lado los múltiples planos panorámicos (el obelisco, los ríos Charles y Mystic) de la ciudad de Boston, urbe sobre la que Affleck está construyendo su identidad como realizador teniendo como principales referencias a Denis Lehane y Clint Eastwood. En “Adiós pequeña adiós” basada en una obra del primero, ya otorgaba un protagonismo principal al lado irremediablemente marginal y delictivo de Massachussets, mientras que de “Mystic River” (relato de Lehane, película de Eastwood”), Affleck aprendía del maestro Clint la capacidad para envolver a la narración del halo de desesperanza y condena al que la ciudad abocaba a los personajes, algo que en un modo mas enérgico y violento retrataba años después otro buen cronista de grandes ciudades como Martin Scorsese en su oscarizada cinta, “Infiltrados”.

Por otro lado y acercando más la cámara, Affleck abusa del uso del primer plano con respecto a su obra anterior en “The Town”, probablemente creyendo en sus aptitudes para transmitir como actor protagonista de la película (el Affleck actor no aparecía en “Adiós pequeña adiós”) todo lo que es capaz de reflejar como realizador. Y he aquí el desliz que hace que “The Town” se sitúe un par de escalones por debajo de “Gone Baby Gone”, puesto que esta nueva historia de seres humanos marcados desde la infancia por su entorno se entiende mucho mejor desde la distancia que desde la cercanía de un personaje dispuesto a reformarse, algo no tan sorprendente y sí mucho mas gastado en el cine reciente y no tan reciente (véase la excelente, “La última noche” de Spike Lee).


Sin embargo lo verdaderamente erróneo sería despreciar este trabajo solamente por la presencia interpretativa de Affleck; "The Town" alberga más virtudes que las que comparte con la cinta debut del actor; un par de frenéticas persecuciones automovilísticas muy bien rodadas, más pulso en la acción (las secuencias de los atracos) que en el drama y un casting bien elegido que combina la poderosa presencia de Jeremy Renner o Pete Postlewhaite y el curioso cambio de registro del publicista más famoso de la televisión (John Hamm), - más llamativo todavía al verlo acompañado otro icono reciente como Titus Welliver (o Antijacob para los más televisivos del lugar)- aunque también cierta descompensación en otros secundarios como Blake Lively o Rebecca Hall, que no solo encarnan el lado femenino de la historia sino que también son el enlace argumental y definitorio entre la mezcla de géneros que propone el guión de “The Town”, algo que Eastwood manejaba con suma inteligencia en “Mystic River” donde Marcia Gay Harden y Laura Linney resultaban fundamentales desde un plano secundario.


Affleck ha aportado con “The Town” su granito de arena al subgénero de atracos logrando cumplir con las expectativas del siempre complicado “segundo trabajo” y confirmándose como un buen director y cronista de gran ciudad, sabedor que desde ellas emergen seres humanos cuyas marcas y matices enriquecen y elevan la categoría de las historias narradas.

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25 de octubre de 2010
NOSTALGIA OCHENTERA


Para los espectadores que nacimos en los 80, “Heroes” de Pau Freixas supone abandonar por un rato la treintena para retrotraerse a tiempos pasados. En un ejercicio de nostalgia similar al que sentimos cuando nos adentramos en los libros “Papel y plástico” de Oscar Lombana, “Heroes” nos recuerda que no hace tanto tiempo usábamos relojes Casio con calculadora, pasábamos las tardes dándole a los pedales de nuestra BH, comiendo helados “Dracula” o leyendo tebeos de Bruguera sin que las horas pareciesen pasar.

Con su segunda película tras las cámaras, Freixas ha hecho la película ochentera que el cine español jamás hizo en los ochenta, década donde el cine familiar se encontraba en su punto mas álgido gracias a la enorme sabiduría en el cine de entretenimiento de realizadores como Steven Spielberg, Robert Zemeckis, Richard Donner, Joe Dante o John Hughes.

Homenajeando sin tapujos a los clásicos de aquella época y presentando una propuesta tan edulcorada como melancólica, Freixas y Albert Espinosa (guionista que trabajó con Mercero en “Planta Cuarta”, probablemente el director español que mejor captò la esencia de aquel cine de evasión) ofrecen un híbrido autóctono de “Los Goonies”, “Cuenta conmigo”, “Mi Chica”, “Verano Azul” o “E.T” con esta historia de amistad e imaginación que no reniega el drama y que camina en una línea muy delgada entre lo emotivo y lo sensibloide no olvidando todos los elementos que hacen completo a un producto de estas características; amores de verano, amigos con discapacidad, familia disfuncional y una aventura infantil con ciertas dosis de fantasía.

De clásica puesta en escena y planteada en dos tiempos; pasado, encarnado por los niños protagonistas (de los cuales Freixas consigue buenas interpretaciones) y presente, protagonizados por Alex Brendemuhl y la olvidada Eva Santolaria, y guardándose alguna sorpresa para su parte final, “Heroes” exprime al máximo el efecto de la añoranza y exige al espectador total complicidad con su propuesta, algo que probablemente solo encontrará en el público que creció viendo “La historia interminable” y “Loca academia de policía”. A ellos, está dirigida “Heroes” y solo ellos entenderán, reirán y llorarán con una película generacional que pueden tomar como propia. De otro modo no será dificil irritarse por la pomposa música de Arnau Bataller o por la sensiblería de su narración, un riesgo que Freixas parece conocer pero al que acabará venciendo gracias a la sinceridad, honestidad y emotividad con la que viaja a aquella década prodigiosa en la que vivimos sin apenas preocupaciones.
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20 de octubre de 2010
"LA RED SOCIAL" DE DAVID FINCHER: ME GUSTA


Tecleamos nombres, observamos vidas, revisamos álbumes de fotos y compartimos pensamientos. Escribir en un muro ya no significa hacer un grafitti y las opiniones dejaron de estar argumentadas para reducirse a un escueto “me gusta”. Y todo lo hacemos en la mayor intimidad con la total seguridad de que nadie mirará lo que estás mirando. Curiosear jamás fue tan aceptado.

Esa seguridad es la que tuvo en sí mismo Mark Zuckerberg cuando defendió su idea y labró su persona, creando esa herramienta universal llamada “Facebook” convertida en una necesidad casi de primer orden y erigiéndose como uno de los millonarios más jóvenes del planeta. Zuckerberg es tan insultantemente poderoso que ahora, a escasos 26 años, ya tiene su propia película. Como tipo con suerte en la vida la suya no podía ser una cinta cualquiera sino una de las mejores obras cinematográficas de la temporada dirigida por uno de los más brillantes realizadores del momento, David Fincher.

La red social” es el relato aproximado de los hechos que dieron lugar a la creación de Facebook. De la inspirada idea de un “nerd” universitario que alcanza la gloria, Fincher y Aaron Sorkin (el guionista de “El Ala Oeste de la Casa Blanca”) elaboran no una película sobre el éxito académico inesperado sino una completísima y versátil paradoja sobre la incapacidad de socialización del inventor de la mayor red social que funciona en diferentes planos; como certera crónica de la era en que nos encontramos, eficaz thriller judicial, film generacional del siglo XXI, así como estudio de la ambición, el poder, la competitividad, la estafa y la amistad solícita en un mundo de solicitudes de amistad.

Dueña de un ritmo vertiginoso, sobria y oscura (apagada fotografía) como todos los films de Fincher e incisiva por culpa de la sublime tarea de Sorkin, el retrato de Zuckerberg es rabiosamente actual e interactivo, con momentos gloriosos que aportan redondez al conjunto donde hay tiempo para el lucimiento de su guión (la conversación que abre la cinta), la interpretación (colosal Jesse Einsenberg, sorprendentes Garfield, Timberlake y Mara) y la dirección (la secuencia del remo) con la que Fincher se redime de la carencia de alma de “El curioso caso de Benjamin Button” dejando claro que lo suyo son las historias de seres opacos.

Zuckerberg, frío, calculador, afortunado e infeliz, sale vencedor y vencido de la descripción que acometen Fincher y Sorkin porque como reza el lema promocional de “La red social” “no puedes tener 500 millones de amigos sin tener algunos enemigos”. Más triunfante sale la película sobre su vida, probablemente el título más maduro de Fincher hasta la fecha y uno de los más deslumbrantes de este año de cine.
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8 de octubre de 2010
CUANDO UN MÓVIL LO ES TODO


Tiene “Buried” una gran virtud diferenciadora; la del reducido espacio a la que se somete con escrupulosidad durante todo su metraje. Aunque no es la primera ni será la última película que se autoimpone el reto de manejarse en habitáculos cerrados, “Enterrado” demuestra ser uno títulos más logrados técnicamente de cuantos se han propuesto narrar una historia en no más de cuatro paredes. Es esa osadía la que ha provocado que a Rodrigo Cortés se le ande comparando con Hitchcock desde que su película dio los primeros coletazos en el festival de Sundance. El director inglés ya quiso jugar con la puesta en escena en obras como “La Soga” o “Náufragos” haciendo gala en ellas de un dominio absoluto de la realización cinematográfica. En “Buried” Cortés no le anda a la zaga al maestro inglés en cuanto a valentía y porque no, en cuanto al resultado claustrofóbicamente visual de su cinta.

Sin embargo la comparación con Hitch acaba ahí y no continua (ojala lo hubiera hecho) en la destreza del suspense que el director de “Psicosis” ostentaba. “Buried” se parece más a títulos como “Ultima llamada” (aquella adictiva película en la que Colin Farrell quedaba atrapado en una cabina) que a cualquiera del bueno de Alfred Hitchcock.

Con un guión más propicio para un producto de menor longitud que un largometraje, “Enterrado” saborea las virtudes y sufre los inconvenientes de su principal y única baza argumental y sobre la que se sustenta toda la película, que no otra que es la misma que la de su protagonista, un teléfono móvil. El libreto de Chris Sparling aprovecha este instrumento cotidiano no solo para conectar a su protagonista con el exterior, sino también como medio de denuncia de diferentes esferas; gubernamentales, empresariales y familiares. El móvil como única escapatoria al agobio de Paul Conroy (un eficaz Ryan Reynolds) y única arma posible para el giro argumental, algo loable por parte del guión al tomar la decisión de prescindir de cualquier otra opción de flash-back o “salida al exterior” que hubiese sido un recurso fácil, pero a la vista insatisfactorio puesto que esa arma agota su interés con suma rapidez y ante la reiteración de su uso necesita insertar otras alternativas (serpiente, el dedo) para mantener la atención del espectador en la trama.

Es "Buried" un producto valiente en su premisa, admirable por su compleja realización que pone a Rodrigo Cortés en una posición de importancia en el cine de género actual, pero su conjunto es irregular y más convencional de lo que su inflada promoción prometía.
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27 de septiembre de 2010
UN TRABAJO EN CASTEL DEL MONTE

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Desde Michael Corleone nadie se había adentrado en la Italia más recóndita a fin de esconderse de posibles agresiones. Ahora, Jack (George Clooney), un asesino a sueldo, se ve obligado a ello e irremediablemente descubre todos aquellos encantos italianos que el favorito de los Corleone ya descubriese en su momento.

Castel del Monte y Sulmona, cerca de la damnificada L´Aquila son los refugios transalpinos del bueno de Clooney y los vistosos lugares que aprovecha Anton Corbijn (“Control”) para embellecer su segunda película, un acercamiento al thriller setentero del viejo continente con mucho de Melville (“El silencio de un hombre” vendrá rápidamente a la memoria).

El americano” es pura prueba formal para Corbijn, cuyo principal esfuerzo está orientado a captar por medio de la contención, los silencios y la contemplación toda la esencia del asesino en soledad, con la exasperante rutina del anonimato y el halo de amenaza que sobrevuelan constantemente la existencia de un sicario. Un ejercicio formal que no supone novedad pero que es positivo volver a encontrar en una pantalla grande.

Siendo éste el retrato de un asesino escondido y hastiado, donde el entorno y la quietud se anteponen a la acción, la interpretación de Clooney se antoja importantísima en la misión del director por mantener el interés durante todo el metraje. Y Clooney vuelve a demostrar una gran capacidad para sostener personajes que aparecen en el 99% de los planos, que expresan de viva voz pocas o ningunas emociones y que sin embargo, son capaces de transmitir sus dudas y motivaciones al espectador con apenas un par de gestos. Al igual que en “Up in the air”, “Syriana” o “Michael Clayton”, Clooney logra encarnar a la perfección a un personaje de angustiada madurez.

Formalmente notable, “El Americano” logra una calificación menor en su fondo, a pesar de ser capaz de sostener con un escaso hilo argumental el cometido gráfico y vintage de Corbijn. Son aquellos momentos de confesión indirecta entre el profesional del crimen encarnado por Clooney y el cura del pequeño pueblo italiano al que éste llega donde “El Americano” se mostrará más inteligente e inspirado en los diálogos de un guión, en ocasiones, demasiado referencial (Sergio Leone) y que puede llegar a pecar de una excesiva introspección y mesura hasta el punto de convertirse en un producto postizo y poco disimulado.

Con todo, “El Americano”, con su ambiente rústico, europeo y reposado es una experiencia diferente a la que nos tiene acostumbrados Hollywood. Y es que nunca conviene rehusar un buen thriller contemplativo tras haber asistido a muchos adrenalíticos.
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3 de septiembre de 2010
CREER PARA SER FELIZ


En su reciente visita a Áviles, Woody Allen negó creer en adivinos o videntes; “La gente se agarra a cualquier cosa para dar un significado a la vida, hacer que sea especial, porque la vida es muy deprimente“, sin embargo a lo largo de toda su obra y en concreto en el film que nos ocupa, “Conocerás al hombre de tus sueños”, Allen se ha mostrado muy interesado en la parapsicología, dotando de mayor fortuna a aquellos personajes con fe ciega en lo intangible, lo espiritual o clarividente, en contraposición a lo miserable de las existencias de los que rechazan lo alejado de la realidad.

Como en “La maldición del escorpión de Jade” o “Scoop”, el destino sonríe al más crédulo, al ingenuo que atiende las indicaciones de un ilusionista o un futurólogo, de ahí que en este penúltimo film de Allen (el neoyorkino nunca tiene un “último” film, siempre está rodando) sea Helena Shepridge (Gemma Jones) la excepción a la desdicha generalizada en todos los protagonistas de la cinta.

Es esta descripción de la creencia en un dogma como válvula de escape a la, habitualmente, cruel realidad el mayor acierto de la cinta de Allen, la cual recorre lugares comunes de su cine, repitiendo, casi escrupulosamente, tramas ya usadas en títulos como “Poderosa Afrodita”, “Hannah y sus hermanas” o “Maridos y mujeres”, exteriores; el Londres de clase alta de “Match Point”, o situaciones; la inevitable sesión de ópera, las referencias intelectuales sobre pintura o literatura, alto protagonismo del azar ,las profesiones cultas de sus protagonistas.
Recursos constantes en el cine de Allen que según el grado de hastío en el espectador hacía ellos, inclinarán la balanza de “Conocerás al hombre de tus sueños” hacía un lado u otro.

Porque la tarea de Woody Allen es la de siempre; diligente con su cine, comedida en su puesta en escena, casi teatral, con ramalazos de ingenio y chispa, a ratos redundante en la exposición de las situaciones aunque alternando con sabiduría la comedia y el drama, y ante todo, rodeada de buenos actores (Josh Brolin, Anthony Hopkins, Naomi Watts, Antonio Banderas) que interpretan seres incapaces de madurar, aterrados con la soledad, repletos de fracasos sentimentales.

Conocerás al hombre de tus sueños” es todo lo que Allen mejor sabe contar. La cuestión está en, tal y como hace Helena Shepridge, creer sin condiciones en el director de "Annie Hall" para así alcanzar la felicidad cuando se enciendan las luces de la sala.
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30 de agosto de 2010
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Con “Origen” Nolan sigue en su empeño de jugar con la narrativa dentro del género blockbuster, de llevarlo hacía la seriedad a través de la supuesta profundidad de unos argumentos nada lineales.
Este batiburrillo de sueños y realidades superpuestas no deja de ser un corriente thriller de robos más enredado de lo necesario en donde los largos monólogos de Cobb, el personaje protagonista encarnado por Leonardo Di Caprio, intentan una y otra vez convencernos de la importancia de un entramado menos laberíntico de lo que aparenta.

Extremadamente estirada en su metraje, adoleciendo de nuevo del escaso manejo de su director en la secuencias de acción y con una trama romántica que peca de traumática, “Origen” anda muy lejos de ser esa “obra maestra del cine moderno”, adjetivo cada vez más gastado para las películas de Nolan, sabedor de que añadiendo lecturas y recovecos en el cine mainstream, el triunfo está garantizado.
Sus secuencias de acción a tres bandas, su reparto de campanillas en el que sobran la mitad de los personajes y sus sueños a lo “Elm Street” no han conseguido engañarnos. “Origen” es “una de robos” de alto presupuesto, y logrados efectos especiales tan convencional como la que más y sobre todo más cargante que las de su especie.

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Su rostro perfecto figura visiblemente en el cartel promocional y ella está más que a la altura de lo que su condición de “heroína de acción de primera línea” solicita. Angelina Jolie es Salt y “Salt” es una película que brilla gracias a su talento para protagonizar thrillers de acción y a la solvencia de Phillip Noyce a la hora de rodar cine de espionaje internacional y amenaza norteamericana y presidencial (“El Santo”, “Juego de Patriotas”, “Peligro Inminente”).

Salt” explota durante la primera mitad del metraje su premisa narrativa de identidades erróneas funcionando a la perfección como un entretenido y vertiginoso blockbuster veraniego con ecos de “Misión Imposible” (Tom Cruise fue el protagonista previsto inicialmente para esta cinta). Progresivamente su argumento se convierte en una sucesión de giros de guión a cada cual más delirantes lo que aumenta el nivel de divertimento de una cinta de evasión que contiene todo lo que le pedimos a un film de sus características. Y si además Angelina se mantiene tan guapa y activa como siempre, mejor que mejor para un film de puro consumo veraniego.
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11 de agosto de 2010
SHYAMALAN CONTRA LOS ELEMENTOS


Si hay un director al que Hollywood le gusta propinar golpes ese es M.Night Shyamalan.
Incomprendido por la crítica y gran parte del público norteamericano tras graves errores de marketing en películas como “El Protegido” y “El Bosque”, enzarzarse en un lucha directa con el sector de la pluma especializada tras atentar contra ellos en “La joven del agua” o simplemente por errores propios (“El Incidente”), el director hindú se encuentra cada vez más indefenso dentro de la industria que lo vio nacer.

Visto el panorama, no es raro que “Airbender, el último guerrero” sea todo un caramelo para la resentida crítica norteamericana. Alejada del “universo Shyamalan”, esta adaptación de un anime estadounidense de éxito claramente dirigido al espectador infantil ha puesto en bandeja el linchamiento del director de “El Sexto Sentido” más por rencillas pasadas que por lo que realmente es; una cinta fantástica esforzada pero fallida y que con otro nombre no hindú en su dirección hubiese pasado con igual trascendencia que otros títulos de su liga como “La brújula dorada” o “Percy Jackson y el ladrón del rayo”.

Cierto es que no se atisba al Shyamalan brillante que todos conocemos en “Airbender” pero también que su terreno no es el encargo y si el guión original. El hindú intenta con buen ánimo sembrar una saga cinematográfica de fantasía con ecos de “La historia interminable” o “El Señor de los anillos” con esta historia de héroes y elementos naturales, aunque su inexperiencia en estas lides le lleva a caer en trampas propias del género; diálogos quebradizos e inconsistentes, excesiva estereotipación de los personajes (especialmente sus villanos), insistencia en la descripción y/o explicación de los mundos (agua, fuego, tierra, aire) que el original plantea, además de unas interpretaciones no demasiado afortunadas. Tampoco ayuda su deslavazado montaje que parece esconder cortes en la sala de montaje.

Pero no todo es tan escandalosamente negativo como nos han querido hacer creer, Shyamalan logra entretener y cuida los movimientos estéticos de su cámara, consiguiendo bellas coreografías en el enfrentamiento entre los seres del agua, fuego y aire. Logros insuficientes para que la película no quede en soledad y se convierta en saga, tal y como pretende su abierta parte final y su propio director, aparentemente, el único de todo los que rodeaban a la película que confiaba en las posibilidades de este proyecto.

Y es que Shyamalan ha querido hablar sobre los elementos sin reparar en que todos los elementos están en su contra.
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