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27 de enero de 2015
"BIRDMAN": EL RESURGIR DEL ACTOR

En el año 2008, un actor venido a menos llamado Michael Keaton se ponía tras las cámaras por primera vez para dirigir una cinta llamada “Caballero y asesino”, donde además se guardaba el papel protagonista de un sicario algo desencantado con su vida que se plantea el suicidio como solución a sus males pero que encuentra en la figura de una joven secretaria una esperanza para su compleja existencia.

Un cinta crepuscular, inédita en las salas españolas, y de trayectoria casi inexistente en EEUU con la que Michael Keaton intentó dar un espaldarazo a una maltrecha carrera que lo había abocado a ejercer de padre de Lindsay Lohan en “Herbie: a tope” o a convertirse en un muñeco de nieve parlante en otro título para toda la familia como “Jack Frost”. 

Lejos quedaban los tiempos en que Michael Keaton se convirtió en el actor mejor pagado de principios de los 90, gracias a enfundarse el oscuro traje de “Batman” en las dos primeras entregas de la adaptación llevada a cabo por Tim Burton del superhéroe de DC Comics.

Esa situación, en la que un actor en horas bajas busca relanzar su figura a través de un trabajo alejado de toda moda, es el punto de partida de “Birdman (o la inesperada virtud de la ignorancia)”, la primera película del mexicano Alejandro González Iñárritu que se aleja del drama intenso y desgarrador ofrecido en títulos como “Biutiful”, “21 Gramos” o “Babel” y en cuya elección de Keaton como verdadero protagonista y motor de su película está uno de los muchos aciertos que atesora.

En ella, Michael Keaton interpreta a su sosías, Riggan Thomson, antigua estrella del cine por haber interpretando a un célebre superhéroe en una trilogía de gran éxito, que trata de dar un nuevo rumbo a su vida preparándose para el estreno de una obra teatral en Broadway autoproducida, “De qué hablamos cuando hablamos de amor” de Raymond Carver y con la que mantiene la esperanza de recuperar la popularidad perdida.

No es que lo que cuente “Birdman” no lo hayamos visto ya. Muchas veces Hollywood nos ha mostrado la crueldad y el ostracismo del propio Hollywood con los actores que sobrepasan cierta edad. Otras tantas veces hemos sido testigos de cómo las películas ajustan cuentas contra esa crítica de cine tendenciosa que les propina reseñas destructivas. En infinidad de ocasiones, la industria se ha reído del actor excéntrico entregado al método y del actor con ínfulas de autor. Ha disertado sobre el rechazo a lo comercial como camino hacía el reconocimiento artístico. Y en muchas otras, el cine ha retratado, incluso parodiado, la ansiedad de la estrella por recuperar el prestigio, la obsesión por la fama, el reconocimiento y/o la alimentación del ego. También, ha elaborado ese joven discurso sobre la imprescindible presencia en las redes sociales como sinónimo de popularidad. Nada nuevo en el fondo, en efecto, pero en su forma nunca abordado desde una propuesta visual tan deslumbrante como la que ha diseñado Iñárritu. 

Si su paisano, amigo y colega de profesión, Alfonso Cuarón ofrecía el pasado año una experiencia única para el espectador al trasladarlo al espacio exterior en “Gravity”, Iñárritu ha querido emular su ambición planteando otro acontecimiento singular para la audiencia, la posibilidad de introducirse en los pasillos del backstage del teatro St. James del mismísimo Broadway neoyorkino, de caminar entre los anuncios publicitarios de Times Square, de contemplar casi en primera persona la preparación del estreno de una obra teatral en pleno centro del planeta.

Lo ha hecho utilizando esa virtuosidad técnica llamada “plano secuencia” y alargándola hasta la totalidad de su metraje. Una única toma de extrema dificultad que requiere un alto manejo de la puesta en escena y que apoyada en la imprescindible figura del director de fotografía Emmanuel Lubezki (ganador del Oscar por “Gravity” y responsable también del memorable plano secuencia de “Hijos de los hombres”) y en un montaje que camufla esa falsa continuidad, hacen de “Birdman” una obra de tremenda astucia estética y de gran dinamismo narrativo, el necesario para ilustrar un guión que acompaña entre bambalinas las inseguridades, frustraciones, miserias y excitaciones emocionales inherentes a un ecosistema de actores que reúnen todos los tics de la profesión (excelente trabajo de gente como Edward Norton, Emma Stone Zack Galifianakis o Naomi Watts).
Las concesiones al surrealismo de una conciencia que te guía hacía el orgullo y el ego más destructor, un parte meta que cita nombres del panorama cinematográfico contemporáneo con especial hincapié en el cine de superhéroes o una batería de jazz improvisada de marcada presencia completan esta combinación imposible en la que Iñárritu acumula la mayor cantidad de temas y mecanismos técnicos disponibles por el cine y el trabajo actoral. A pesar de su amplia gama de elementos reunidos para la causa, "Birdman" acaba siendo ante todo, el trampolín para el resurgir de un actor olvidado, Michael Keaton.
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12 de enero de 2015
72 GLOBOS DE ORO:BOYHOOD MANDA

Era la tercera vez que Amy Poehler y Tina Fey ejercían de maestras de ceremonias en los Premios de la Asociación de la Prensa Extranjera de Hollywood, los Globos de Oro. También la última, según habían anunciado días antes la pareja de actrices, por lo que decidieron no dejar ningún chiste en el tintero en su monólogo de presentación de la gala. Pocas de las muchas estrellas protagonistas presentes en el Hotel Beverly Hilton de Los Ángeles quedaron exentas de ser citadas por el dúo Fey-Poehler, desde Emma Stone y sus grandes ojos al estilo de un cuadro de Margaret Keane, hasta la peculiar personalidad del creador Wes Anderson, pasando por la imponente carrera profesional de Amal Alamuddin, la flamante nueva esposa del homenajeado de la noche, George Clooney. Incluso, temas más delicados como el del actor Bill Cosby y su acusación de violación o el affaire Sony-Corea del Norte (“esta noche se presentan todas las películas que a Corea del Norte le parecieron bien”) encontraron su mofa correspondiente.

Hechas las pertinentes presentaciones, daba comienzo la ceremonia de entrega de unos Globos de Oro que a la postre resultarían milimetricamente repartidos tanto en sus categorías cinematográficas como televisivas. La presencia en escena de dos de los nominados (y vencidos) de la noche, Benedith Cumberbatch y Jennifer Aniston, iniciaba el carrusel de estatuillas. Ellos anunciaron al veterano J.K. Simons como ganador del premio a Mejor Actor Secundario por “Whiplash” en la única nominación de esta película. Un premio esperado que parece seguro que repetirá en los Oscar.

Las primeras sorpresas de la velada no tardaron en llegar y fueron en los apartados de Miniserie y/o Telefilm. Joanne Frogatt, actriz británica de “Downton Abbey”, serie por la que los Globos de Oro sienten especial predilección, batía en el apartado de Mejor Actriz Secundaria a veteranas como Kathy Bates (“American Horror Freak Show”) o Allison Janney (“Mom”). Por su parte, el excepcional duelo entre “Fargo” y “True Detective” se decantaba hacía la primera, ganando el premio a Mejor Miniserie y también, el de Mejor Actor para Billy Bob Thornton por meterse en la piel del escalofriante Lorne Malvo, imponiendose así a su compañero de reparto, Martin Freeman y al duo McConaughey-Harrelson de “True Detective”, serie que se fue de vacío en los Emmy y ahora también en los Globos.

Las bromas con selfies, Meryl Streep y Benedith Cumberbatch colandose en la foto (ahora lo llaman “photobomb”) ya fueron protagonistas en los pasados Oscar, algo que no importó a los Globos para repetir la jugada, con una militar norcoreana como acompañante de Streep en la instantanea que precedió a nuevos premios de la pequeña pantalla. Gina Rodríguez por “Jane the Virgin” en Mejor Actriz de comedia (por delante de Taylor Schilling por “Orange is the New Black” o Julia Louis-Dreyfus por “Veep”) y “Transparent”, comedia sobre transexualidad de Amazon Studios en Mejor Serie de Comedia. Dos premios que unidos al de Jeffrey Tambor como Actor protagonista de comedia, confirman, por enésima vez, el gusto de los Globos de Oro por premiar la novedad televisiva.

Musicalmente hablando, los Globos de Oro acostumbran a premiar trabajos que no suelen repetir victoria y/o nominación en los Oscar. No parece ser el año en que las músicas nominadas al Globo no coincidan en los Oscar (salvo excepciones normativas como la de “Birdman”). La preciosa y delicada partitura de Johann Johannsen que acompaña a la vida de Stephen Hawkings en “La teoría del todo” se llevó el gato al agua. Tanto Desplat como Zimmer, Reznor y Ross o el jazzistico Antonio Sánchez habrián sido, igualmente, justos ganadores de una categoría muy reñida de cara al Oscar. En el apartado de Mejor Canción Original, el tema “Glory” de John Legend para el alegato antiracial “Selma” consiguió su galardón correspondiente, apartado menos predicible que el anterior de cara al Oscar. Como poco predecible es también la futura ganadora del Oscar a Mejor Película Animada. “La lego película” era favorita pero perdió frente a “Como entrenar a tu dragón 2”, que a su vez, en su primera entrega, perdió todos los premios frente a “Toy Story 3”. La batalla entre ambas está plenamente abierta, con permiso de “Big Hero 6”, tercera en discordia.

En esa pasarela de moda y buen (o mal) gusto que es la alfombra roja, las pelirrojas fueron las más elegantes. Emma Stone, Jessica Chastain, Julianne Moore o Amy Adams, destacaron en ese desfile de estilos variados y enfrentados. Las dos últimas también lograron llevarse el Globo a casa. Amy Adams lograba el segundo Globo de su carrera (y también consecutivo) en la sexta nominación de su carrera, en la categoría de Mejor Actriz en Comedia o Musical por la película de Tim Burton, “Big Eyes”. En esa categoría competía frente a Julianne Moore por “Map to the Stars”, menos favorita por la sátira sobre Hollywood escrita y dirigida por David Cronenberg que por “Still Alice”, cinta por la que ganaría el Globo de Oro a Mejor Actriz Dramática y que la coloca como candidata absoluta al Oscar a Mejor Actriz. Actrices como Emily Blunt (“Into the Woods”), Felicity Jones (“La teoría del todo”), o Rosamund Pike (“Perdida”) una de las menos afortunadas sobre la alfombra, vieron como ambas pelirrojas les arrebataban la estatuilla en sus respectivas categorias femeninas.

Si el próximo Oscar a Julianne Moore parece evidente, no lo es menos el de otra veterana actriz, Patricia Arquette, que en su cuarta nominación al Globo de Oro, tras las tres obtenidas por su papel protagonista en la serie “Medium”, lograba por fin el galardón (el de Actriz Secundaria) por su papel de largo recorrido en “Boyhood”. Algo muy raro tiene que ocurrir para que no repita victoria el 22 de Febrero.

En pleno ecuador de una ceremonía en la que se sucedía un premio tras otro sin apenas margen para la improvisación y donde gente como Jared Leto lanzaba mensajes de apoyo a los trabajadores de Charlie Hebdo, llegaron Ricky Gervais para lanzar una puyita a Katie Holmes que animó a la audiencia y Bill Hader y Kirsten Wiig para ofrecer uno de los momentos más divertidos de la gala, recordando y parodiando grandes frases de la historia del cine antes de presentar el premio a Mejor Guión que iría para Alejandro Glez Iñárritu y cía por “Birdman”. Un galardón que parecía reforzar las posibilidades de “Birdman” de cara a competir por el Oscar sino hubiese sido porqué en la categoría mayor en la que competía, la de Mejor Película de Comedia o Musical, el premio fue para “El Gran Hotel Budapest”, la deliciosa y desbordante película de Wes Anderson, que supuso una de las más agradables sorpresas de la noche.


Otra de las buenas noticias de esta 72 de los Globos fue comprobar la enorme ilusión que le hizo a Kevin Spacey ganar su ansiado Globo de Oro por su arribista personaje de Frank Underwood en la muy recomendable “House of Cards”. 8 nominaciones al Globo de Oro después desde que debutase como candidato en 1996 por “Sospechosos Habituales”, Spacey ganó la estatuilla y soltó unos muy elocuentes; “Joder, no me creo que haya ganado” y “esto es sólo el comienzo de mi venganza”. Además, como ya hiciese citando a Jack Lemmon y “El Apartamento” en su discurso de agradecimiento por el Oscar de “American Beauty”, dejó otro de los grandes detalles de la velada al acordarse de la figura del desaparecido director Stanley Kramer. Entre tanto, la rusa “Leviatan” daba la sorpresa en la categoría de Mejor Película Extranjera, venciendo a la polaca y gran favorita, “Ida” y Maggie Gyllenhall, empeñada en la reconciliación de israelíes y palestinos en “The Honorable Woman” vencía en Mejor Actriz de Telefilm o Miniserie, por delante de Jessica Lange (“American Horror Story. Freak Show”) o Frances McDormand (“Olive Kitteridge”), y en el plano masculino, Matt Bommer se acordaba de las victimas del SIDA al agradecer su estatuilla por “The Normal Heart”. 

Entrabamos en la recta final de la ceremonia, con la incognita de coronar a los Mejores Dramas del año. Y una vez más cuando de la pequeña pantalla se trata, los Globos se inclinaron por la novedad. Los puntos de vista de una infidelidad ofrecidos por la serie del canal Showtime, “The Affair” en su primera temporada, dio la campanada venciendo a pesos pesados como “House of Cards” o “The Good Wife”. Su actriz protagonista, Ruth Wilson, hacía lo propio frente a Robin Wright, Claire Danes o Julianna Margulies ganando el Globo de Oro a Mejor Actriz en Drama.


La consolación de Julianna Margulies, que de doce nominaciones al Globo sólo ha ganado una vez, vino del sentido abrazo dado por su compañero de reparto en la serie “Urgencias”, George Clooney al recibir éste el Premio Honorífico de esta 72 edición de los Globos de Oro. El bueno de Clooney, cada mez más cercano a un vetusto Cary Grant, dedicó el galardón a su nueva esposa, encajó bien las mofas sobre su último y desafortunado trabajo, “The Monuments Men”, agradeció las muestras de cariño de una industria que lo adora y en su largo speech se acordó de los desaparecidos Robin Williams y Lauren Bacall o de las marchas francesas por la libertad de expresión.

Un actor, Clooney, con tres Globos de Oro en su haber a lo largo de su carrera, tres más de los que tenían tanto Michael Keaton (“Birdman”) como Eddie Redmayne (“La teoría del todo”), ambos ganadores del Premio a Mejor Actor en Drama y en Comedia. Entre ellos estará el Oscar a Mejor Actor Principal, con permiso de la intepretación de Benedith Cumberbatch en “The Imitation Game”, película prediseñada por los Wenstein para ganar premios y que, de tan descarada, se fue de vacío a casa.

Tras el obligado homenaje a Clooney, sólo quedaba decantar la balanza hacía “Boyhood”, como así ocurriría. El esfuerzo, único y dilatado en el tiempo, de Richard Linklater por rodar una película durante 12 años, bien valió el reconocimiento de la Academía al realizador norteamericano que ganaría el premio a Mejor Director y también el de Mejor Película Dramática, colocando además, a su trabajo, como el máximo ganador de esta edición de los Globos de Oro con 3 galardones. Premios que vienen a ratificar una más que posible victoria de “Boyhood” el próximo 22 de Febrero en el Dolby Theatre de Los Ángeles, aunque para ello deberá no descuidarse y no perder la pista a “Birdman” y “El Gran Hotel Budapest”, dos cercanas perseguidoras en su camino al Oscar con similares intenciones de triunfo.
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