EL ACTOR QUE TODO ESPAÑOL FUÉ
Solo vi a Peter Sellers y a Jack Lemmon hacer lo que hacía José Luis López Vázquez; pasar con una aplastante naturalidad de la más hilarante y agitada sobreactuación (entendida ésta positivamente) a la más sobria y contenida interpretación. Que viene a ser lo que todo actor aspira a conseguir; ser el mejor cómico y a la vez el más firme actor dramático.
Hay un lamento común y repetido al recordar estos días su figura; la escasa repercusión internacional de un actor con semejantes condiciones. Esa seguridad de que López Vázquez hubiera sido tan reconocido como, por ejemplo, los dos gigantes de la interpretación citados unas líneas más arriba, a poco que se hubiese prodigado fuera de nuestro cine o a poco que Hollywood (George Cukor aparte) hubiese mirado más allá de su ombligo en aquellos años.Egoístamente, a mí siempre me gustó que López Vázquez fuese nuestro y solo nuestro, como el jamón, la siesta o la paella. O como las suecas que vienen a España, que no son tan suecas si están en cualquier otro lugar del planeta. Él no era exportable, porque López Vázquez y Fernán Gómez eran nuestras armas para salir triunfantes y orgullosos si alguien osaba debatir sobre el cual era el actor más completo del cine mundial.
Sus apellidos lo delataban como producto puramente nacional. También su aspecto de funcionario de medio pelo, pequeño, alopécico y nada agraciado. Sobre su corriente figura labró unos personajes que reflejaban a la sociedad española de cada década desde los años 50. Y en ese contexto, en un cine de fronteras para adentro, a veces predominantemente popular (“El turismo es un gran invento”, “Objetivo bi-ki-ni”, “En un lugar de La Manga”) otras más intimista (“El Bosque del Lobo”, “Mi querida señorita”), Vázquez destacó como el tipo con el que cada español podía identificarse.
Sólo él podía encarnar a personajes tan autóctonos como Manolo Locúmula Verruguillo, primo de Vicenta en “¡Como está el servicio!”, Quintanilla en la navideña “Plácido”, al típico sufridor español de “El Pisito” a luchadores del sexo y libertad como Serafín Requejo en “Lo verde empieza en los Pirineos”, al hijo del Marqués de Leguineche en la saga Nacional de Berlanga y Azcona, al abnegado padrino de “La gran familia” y “La familia y uno más” o al anónimo y encerrado ciudadano de “La Cabina”.Fue su enorme talento para componer personajes, su gran inteligencia interpretativa que le llevaba a encajar en cualquier género, sus grandes dotes para la improvisación cómica y su silabeo lo que lo transformaron de actor en icono. Un icono respetado y querido, capaz de propagarse entre generaciones que hoy repiten eso de “las alemanas, las alemanas” o ese “Fernando Galindo un admirador, un esclavo, un amigo, un siervo” que tan bien recitó en la inolvidable “Atraco a las tres”
Con su desaparición se va otro gran pedazo de nuestro cine, cada vez más huérfano de las personalidades que forjaron su historia. Donde quiera que vaya se unirá a Azcona, Fernán Gómez, Isbert, Ciges, Agustín González, Mary Carrillo o a la que fue su mejor partenaire, Gracita Morales, con la que podrá repetir los diálogos más eternos del cine español.



Viendo la película "Moon" dirigida por Duncan "hijo de David Bowie" Jones y triunfadora de la última edición del festival de Sitges, reparo en el logotipo de Lunar Industries la compañía para la que trabaja Sam Rockwell, el protagonista de esta odisea espacial, encargada de extraer Helio-3 de la Luna para suministrar energía al planeta Tierra
Esa letra L gigante y los cuadrados anaranjados que la acompañan me recuerdan poderosamente al logo de Localia, cadena televisiva recientemente desaparecida. O ¿quizá el parecido no es tal y se trata de una paranoia mía tan grande como la del astronauta Sam Bell? Parecido razonable o no, dicho queda.
Los acontecimientos de la pasada semana nos han hecho descubrir una faceta oculta de nuestra Ministra de Cultura. Hemos conocido que Ángeles González Sinde es fan, pero fan fan del cine de terror y no es de las que se anda con medias tintas. Cuanto más bizarro, gore y grotesco sea este cine, más le gusta..jpg)










Así “Agora” es una obra tan pomposa como tibia, incapaz de fascinarnos por su universo, incapaz de remover el sentimiento del espectador en momentos diseñados para ello como la destrucción de la Biblioteca o por el triangulo amoroso imaginado. Quiza el casting tampoco ayude, por mucho que la oscarizada Rachel Weisz se esfuerce en lidiar con un personaje que no es precisamente un dechado de simpatía. La Hipatia imaginada por Alejandro jamás hubiese pasado a la historia.




"El Secreto de sus ojos" es una grandisima noticia para el séptimo arte. Hacía tiempo que no presenciabamos un film tan completo. No me hagan caso con cualquier otra película, haganmelo con esta. Vayan a su sala más cercana que en esta ocasión lo que van a presenciar puro cine.



Simpática, liviana y redundante, la película número 44 de Allen es de esas que le salen con la gorra al director de "Zelig" y viene a engrosar su lista de film menores que son mayores que los de otros, mientras (que no le falte tiempo) ya prepara su siguiente proyecto. Y es que si la cosa funciona, ¿por qué no volver a ella?.




"Jennifer´s body" es como Megan Fox; atractivo por fuera, plano y vacío por dentro.









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Con “Malditos Bastardos”, el inefable Quentin Tarantino ha conseguido una película muy lejana a la cantidad ingente de disparos y muertes que su historia de cacería nazi prometía, o a lo que, paradojicamente, puede ofrecer “El orgullo de una nación” el ficticio film propagandístico sobre el que gira gran parte de la trama de la séptima cinta del director de “Reservoir Dogs”. 


“Inglorious Basterds” es un puro divertimento surgido desde lo más profundo del propio cine. El que Tarantino y muchos de sus cinéfilos seguidores llevan en la sangre. Puede que ésta no sea su obra maestra, pero anda cerca.









