Intentar que John Lennon vaya a cantar a los alumnos de un colegio de Albacete suena a odisea loca e insensata. Un empeño movido por algo de ingenuidad, un exagerado exceso de fe y bastante desconocimiento de las circunstancias. Pero solo de esta manera se consiguen las ilusiones imposibles. Así son los personajes de “Vivir es fácil con los ojos cerrados”, seres repletos de optimismo y entusiasmo que buscan realizar unos sueños no demasiado definidos y de paso escapar de la realidad que le asfixia.


Trueba, demuestra una vez más ser
mejor escritor que director, y con el solo detalle de una plancha de vapor que
calienta un cazo con comida entronca a su cuarentón protagonista con el perdedor
descrito por Billy Wilder en “El Apartamento”, así como escribe unas cuantas
frases repletas de espontaneidad (esos “no me cortes mucho que el Domingo tengo
una boda” o ese “vete, pero no olvides de llevarte las fresas”) que dotan a
“Vivir es fácil con los ojos cerrados” de la cercanía de las gentes y
tradiciones de la costa almeriense y otorgan a la película un valor añadido.
El sol de excepción, las curvas
cerradas de Carboneras, un viejo vehículo verde y las notas de la banda sonora
de Pat Metheny y Charlie Haden hacen el resto en una película donde no importa tanto
si Antonio habló con Lennon como si todos los personajes encontraron un alivio
en días de férreas doctrinas. Y es que ya lo decía “Strawberry fields forever”;
“Resulta difícil ser alguien. Pero todo
sale bien”.
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