Ser un líder en tu adolescencia es
como ser un niño prodigio; la gloria temprana no necesariamente significa un
futuro de éxitos. Si nos atenemos a la difícil vida adulta de la Mavis Gary (Charlize
Theron) de “Young Adult” o de Gary King (un impecable Simon Pegg) en
“Bienvenidos al fin del mundo” ("The World´s End") es, más bien, todo lo contrario, ese liderazgo anticipado
supone más una carga personal que un brillante porvenir.

Sería muy interesante hablar del
potente e inesperado giro argumental que contiene esta historia de nostalgia
así como de la parodia que ésta introduce con respecto a determinadas cintas
capitales de la historia del cine, pero más interesante es omitir esta
información que permita acudir virgen a su visionado (algo que no hace su
trailer o un buen número de críticas del sector) garantizando así la sorpresa
que supone su agresivo cambio de tercio y por consiguiente una mejor
apreciación por parte del espectador del impacto y la efectividad de su
habilidad para la mezcla de géneros y estilos.
Independientemente de este súbito y maravilloso cambio de dirección que contiene “Bienvenidos al fin del mundo”, el gran fuerte de la película radica en la heterogeneidad de su discurso aún cuando se desmarca de su premisa inicial. Ocurra lo que ocurra, por impensable que sea, el verdadero de motivo de Gary y compañía (impagable reparto de secundarios habituales del cine de Wright como Martin Freeman o Paddy Considine) es el de superar sus frustraciones pasadas como ilusión para tener una vida mejor y bien vale un “milla de oro” cuya meta sea ingerir 12 pintas de cerveza, para eliminar complejos y avanzar hacía delante.

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