Existe una creencia extendida en cuanto a los fallecimientos de los famosos. No hay muerte de una estrella popularmente reconocida que no venga acompañada de un par de perdidas cuasi inminentes. Vamos, que los famosos mueren de 3 en 3.
Lo escalofriante del asunto es que lo que podría haber sido una ocurrencia anónima circunstancial se ha convertido en una triste verdad absolutamente probada que se cumple inflexiblemente cada cierto tiempo.
Quizá tal casualidad no sea joven y venga cumpliéndose desde siglos atrás, de otra manera no se entendería que Shakespeare, Cervantes y Garcilaso de la Vega murieran (oficiosamente) un 23 de Abril de 1616. Si bien, es el cine y no otras artes el que cumple con rigor la fatal coincidencia desde unos años a esta parte.
Especialmente llamativa es el trío de fenecimientos que tuvo lugar en Junio del pasado 2009. David Carradine, más conocido por estos lares como “El Pequeño Saltamontes” o simplemente como Bill por los fans de Quentin Tarantino, aparecía muerto en sospechoso estado sadomasoquista a principios del mes de Junio. Con apenas un par de semanas de diferencia, el Rey del Pop nos decía adiós a la edad de 50 años, justo el mismo día en que un ángel de Charlie, Farrah Fawcett, desaparecía victima de un cáncer. Si alguna vez Fawcett soñó con un sonoro lamento mediático tras su ausencia, nunca contó con la posibilidad de ser eclipsada por Michael Jackson.
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Tales caprichos del destino se han tornado más caprichosos, si cabe, en las últimas semanas en las que hemos tenido que despedir al realizador francés Claude Chabrol, a la anciana actriz de “Titanic”, Gloria Stuart y a la editora habitual del cine de Tarantino, Sally Menke.
Dando por cerrada una trilogía de fallecimientos con este último grupo, nos echamos a temblar con la noticia de la muerte de Arthur Penn, uno de los grandes directores de la llamada “Generación de la televisión” y responsable de “Bonnie and Clyde”. Temblamos no solo por su adiós, sino por lo que estaba por venir si nos ateníamos a semejantes y fatales coincidencias. No tardó en conocerse la noticia de la muerte de Tony Curtis del que nos queda el grato recuerdo de una versátil carrera cinematográfica, como todavía lamentamos la irreparable pérdida del secundario más adorable y encantador de nuestro cine, Manuel Alexandre, cuya sencilla y afable dicción y su enorme talento interpretativo serán insustituibles.
Dando por cerrada una trilogía de fallecimientos con este último grupo, nos echamos a temblar con la noticia de la muerte de Arthur Penn, uno de los grandes directores de la llamada “Generación de la televisión” y responsable de “Bonnie and Clyde”. Temblamos no solo por su adiós, sino por lo que estaba por venir si nos ateníamos a semejantes y fatales coincidencias. No tardó en conocerse la noticia de la muerte de Tony Curtis del que nos queda el grato recuerdo de una versátil carrera cinematográfica, como todavía lamentamos la irreparable pérdida del secundario más adorable y encantador de nuestro cine, Manuel Alexandre, cuya sencilla y afable dicción y su enorme talento interpretativo serán insustituibles.
Confiamos en este aciago encadenamiento frene cuanto antes su alto grado de infalibilidad, dándonos así un respiro a los seguidores del séptimo arte. Porque una perdida siempre es dolorosa, pero tres se hacen excesivamente amargas.
Pues esperemos que la coincidencia pare aquí, porque llevamos una racha... Un saludo.
Eso deseamos todos.
Un saludo!